Si
el individuo utiliza su libertad sin límites, tendremos un modelo económico
como el actual, basado en la idea de crecimiento permanente. Si el
individuo utiliza su inteligencia para investigar sobre aquello que le
aporta un mayor beneficio personal, tendremos un modelo económico como
el actual, en el cual el conocimiento y la capacidad de investigar se
concentran en manos de los países más poderosos. Y por último, si el
individuo utiliza su capacidad de amar, para amarse a sí mismo por
encima de todo, estaremos ante un modelo económico como el actual en el
que resalta la idea de economía del bienestar.
Tenemos
actualmente un modelo económico que se sustenta en tres pilares: el
crecimiento sostenible, la concentración del conocimiento y la
investigación y la economía del bienestar. El modelo económico
actual es un modelo muy poco solidario; alimenta el resentimiento y
propicia el enfrentamiento.
¿Cuál
podría ser el modelo económico que diera una respuesta más realista
a los actuales problemas del mundo?
Podríamos
pensar en un modelo económico que se sustentara, en primer lugar, en
la libertad responsable del individuo como contraposición a la idea
de libertad sin límites. Este nuevo planteamiento nos llevaría,
probablemente, al concepto económico de sostenibilidad.
En
segundo lugar, la utilización de la inteligencia del individuo ha de
servir para poder buscar la promoción y la defensa de la dignidad de
todos los seres humanos, no solamente de unos cuantos. Este salto
cualitativo en el uso de la capacidad inteligente del individuo nos
llevaría al concepto de globalización del conocimiento y la
investigación.
Y,
en tercer lugar, la capacidad de amar que tiene el ser humano puede
ser perfectamente aplicada hacia los demás en contraposición con la
capacidad de amarse a uno mismo, en primer lugar y por encima de todo.
Este último cambio cualitativo nos llevaría hacia el concepto de
solidaridad.
Si
uniéramos los tres conceptos, tendríamos un modelo económico
alternativo en que:
1)
Tendría primacía la sostenibilidad frente al crecimiento
sostenido.
Hablar
de sostenibilidad desde el punto de vista económico quiere decir
pensar en un cambio en el proceso de producción y de consumo, que
tendría como objetivo, de un lado, llegar a la internalización de
todos los costos productivos, y de otro, ir hacia un modelo que no
estuviera basado en el crecimiento permanente. Nuestro planeta, desde
el punto de vista medioambiental, no puede aguantar por mucho tiempo
un modelo de producción y de consumo basado en el crecimiento
permanente. Algunos procesos productivos tendrían que incluir, dentro
de sus precios, unos costos derivados del deterioro del medio
ambiente, que probablemente harían que estos procesos se convirtiesen
en no rentables, con las consecuencias que ello comportaría.
Hemos
globalizado los mercados con el objetivo principal de disminuir los
costos de producción y de transferir, a los países menos
desarrollados, los procesos más contaminantes. Pero, al hacerlo, no
hemos tenido en cuenta ningún tipo de estrategia a nivel socioeconómico
ni medioambiental. Es decir, hemos tratado el tema medioambiental como
un problema local sin querer ver que es un problema planetario.
2)
Tendría primacía la globalización del conocimiento y la investigación
en contraposición con la idea de concentración.
El
desarrollo de las comunicaciones, en especial de
Internet, ha facilitado el acceso y el intercambio de información
a nivel mundial. Pero lo que no ha cambiado es la concentración del
poder de investigación.
La
investigación está concentrada en unas pocas manos y, lógicamente,
es en las de los países más desarrollados donde se concentra la
mayor cantidad de recursos para llevar a cabo esta investigación.
Además,
las materias objeto primordial de investigación son aquellas que
tiene asignados más recursos y, por tanto, que interesan a los países
más desarrollados. No interesa investigar sobre cosas que no aporten
una rentabilidad económica posterior. Es necesario globalizar el
conocimiento y descentralizar el poder de investigación para poder
solucionar problemas que, desde el punto de vista del modelo económico
actual, no resulta rentable solucionar.
3)
Tendría primacía la solidaridad frente la economía del bienestar
Un
modelo económico basado en la solidaridad debe ir substituyendo una
relación de tipo “voluntario” por una relación más estable,
basada en el compromiso. Este principio de solidaridad ha de tener
como eje principal el concepto de justicia social: justicia en la
distribución de los bienes y justicia en las relaciones de
intercambio.
La
justicia en la distribución de los bienes se concreta en la ayuda de
los países más desarrollados hacia los países más desfavorecidos,
con el objetivo de propiciar un desarrollo equilibrado con el medio
ambiente y que permita cubrir las necesidades básicas de los
individuos. Con ello no quiero decir que para hacer justicia en la
distribución de los bienes sea necesario uniformizar las necesidades
(que sería la idea de la novela Un mundo feliz), sino atender la
diversidad de estas necesidades con el fin de cubrirlas.
La
justicia en las relaciones comerciales hace referencia a la creación
de un marco que facilite una mayor equidad en las relaciones
comerciales. Esta equidad debería tener su correspondiente cobertura
jurídica a nivel mundial, que debería inspirarse en un código ético
de conducta.
¿Cuáles
podrían ser los principios de este código ético que regiría las
relaciones de intercambio?
Podríamos
inspirar este código ético en las condiciones que deben darse entre
dos personas para que haya una verdadera amistad conmutativa, para la
cual es necesario que se den
unas condiciones de equilibrio y de igualdad. De la misma
manera, deberían darse las relaciones comerciales entre los más
poderosos y los menos desarrollados. Entre otras, quisiera destacar
cuatro:
Es
básico que la amistad se plantee en un plano de libertad; nadie puede
ser nuestro amigo a la fuerza. Una relación comercial justa no puede
utilizar el chantaje ni una relación de esclavitud. Así, las
relaciones comerciales se desarrollarían sin conflicto y estarían
basadas en la fidelidad.
Una
relación de amistad no se puede basar en el engaño; igualmente una
relación comercial, para que sea justa y duradera, no se puede basar
en el engaño que facilita una posición de superioridad. Basar las
relaciones comerciales en la honestidad propicia la confianza, aspecto
básico para llevar a cabo los negocios.
La
amistad no se puede comprar. Para que una relación comercial sea
justa, no se puede fomentar en una relación de prostitución, donde
se busque el beneficio personal a costa de comprar personas o
instituciones, con la intención de conseguir el propio objetivo. Una
relación comercial que tenga en cuenta los intereses de la comunidad
propiciará relaciones comerciales a largo plazo.
La
amistad no se puede basar en el egoísmo. Una relación comercial
justa ha de buscar el beneficio de ambas partes. Una relación
comercial que no busca la especulación propicia el equilibrio,
favorece la creatividad y es incentivo de colaboración.
Un
modelo económico basado en este nuevo paradigma de sostenibilidad,
globalización del conocimiento y la investigación y solidaridad, nos
llevaría a reducir la distancia entre la riqueza y la pobreza y a un
nuevo escenario donde las relaciones económicas pudiesen ser más
justas. A la vez, pondríamos una buena base para reducir el
resentimiento entre los pueblos y todo ello favorecería el objetivo
último de buscar la paz entre los pueblos.
Pero,
¿cómo se puede pasar de la situación actual a este nuevo modelo
económico que planteamos? ¿Cuál es la clave para cambiar la
tendencia actual?
La
clave está en la capacidad inteligente del hombre de saber ver la
realidad. Estamos funcionando con un modelo económico que no
contempla el futuro. Vivimos el presente sin pensar en las
consecuencias futuras, y eso no es realista.
La
persona ha de llevar a cabo este cambio a través de instrumentos que
tiene a su alcance: los poderes políticos que aporten las
regulaciones necesarias; las empresas públicas y privadas, capaces de
aportar creatividad e iniciativa dentro de un nuevo marco de actuación
y de adaptarse al medio; y las entidades sin ánimo de lucro o los
cuerpos sociales intermedios, capaces de aportar la concienciación y
la sensibilización social tan necesaria para mantener invariables los
criterios de solidaridad y justicia social.
Para
llevar a cabo este cambio global debe existir un marco jurídico y ético
de actuación, también de tipo global o universal. Tendría que
asemejarse a una especie de constitución universal, entendida como
marco jurídico y ético, debería fundamentarse en los principios de
justicia y paz. La Declaración de los Derechos Humanos ha trabajado
en este intento, así como el documento de la Carta de la Paz dirigida
a la ONU, en que se ponen de manifiesto diez puntos, basados en
evidencias, según los cuales toda la humanidad podría ponerse de
acuerdo para poder lograr la paz.
La
esperanza para poder lograr este cambio está en el individuo y en su
capacidad de gestionar el cambio. La educación puede constituirse en
la clave principal para enfrentarse a este desafío de una manera
consistente. Pero no ha de ser una educación basada, de manera
exclusiva, en la acumulación de técnicas y conocimientos, que es lo
que le estamos pidiendo en la actualidad, sino que ha de ser una
educación integral de la persona que forme en la libertad, la autonomía,
la paz y la justicia. Una educación que permita crear una base cada
vez más amplia de personas generosas, no manipuladas y aptas para ser
solidarias, que imposibilitarán que la economía actúe contra la ética
y contra la dignidad del ser humano.