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De
otro tipo de economía -la solidaria- se habló en días pasados
en un interesante Foro que me permito resumirles brevemente.
La
Fundación Ayudando Ayudar (http://www.helpingtohelp.org), como
entidad promotora de la Red Internacional Solidaria - RIS
(http://www.risolidaria.org), mantuvo on-line durante el mes de
febrero un foro sobre la inversión en solidaridad, a partir de
un texto del economista Jordi Cussó. En definitiva, se
planteaba la capacidad de crear una sociedad solidaria, que
pueda utilizar la economía como una herramienta para construir
un mundo más justo. "Una economía que invierte en el
bien, en la justicia y la paz, resulta más rentable que una
economía que invierte en la guerra y el mal. Por ello la economía
debe estar regida por la libertad, una libertad co-responsable y
realista, lejos de intereses y engaños." Este economista
reconocía también la solidaridad y la inteligencia como
fundamentos para orientar los criterios de distribución económica.
En
el foro, que fue muy concurrido desde países y culturas muy
plurales, se propuso una 're-ingeniería' del actual modelo económico
tratando de aplicar la responsabilidad social al mundo de las
empresas. De ello habla el "Libro Verde de la UE - Fomentar
un marco europeo para Responsabilidad Social de las Empresas
(http://www.europa.eu.int/eur-lex/es/com/gpr/2001/com2001_0366es01.pdf).
En esta misma línea, existe el Programa de investigación de
las Naciones Unidas sobre la responsabilidad social de las
empresas (http://www.unrisd.org/engindex/research/busrep.htm),
que tiene por objeto promover la investigación y el diálogo
político sobre cuestiones de responsabilidad social y ecológica
de las empresas en los países en vías de desarrollo.
La
profesora del Departamento de Empresa de la Universidad Pompeu
Fabra, M. Angels Gil Estallo, afirmaba en el foro que
"invertir en lo necesario siempre es muy importante, pero
invertir, que no gastar, en solidaridad con creatividad e
imaginación es prioritario". Otros participantes se
preguntaban si hay alguna empresa que haya tenido una
experiencia rentable después de invertir sumas importantes en
solidaridad. En esta línea se destacó que hay iniciativas como
el marketing con causa o social, pero que distan mucho de la
verdadera voluntad de inversión solidaria por convencimiento y
no por interés.
Sin
embargo, la inversión en solidaridad no sólo puede ser económica,
pues se limitaría mucho el acceso a ello de un importante
sector de población, y se estaría menospreciando una inversión
que es generadora de economía solidaria: la inversión de
tiempo y energías en iniciativas solidarias, como es el caso de
Cibersolidarios (http://www.mx.geocites.com/cibersolidarios).
Otras empresas e iniciativas solidarias son las de la Red de
entidades y empresas que participan en economía social (http://www.reasnet.com),
el Congreso Fundacions 2001, bajo el lema "Identidad,
valores y futuro" (http://www.ccfundacions.org), la Fundación
Etnor para la ética de los negocios y las organizaciones
(http://www.etnor.org) y el curso de ética empresarial (http://www.um.es/siu/congre/eticaempresarial),
la Secretaría de Estado Francés de la Economía Solidaria
(http://www.social.gouv.fr/economie-solidaire). También son de
destacar iniciativas de economía solidaria en Colombia. En este
sentido la Superintendencia de la Economía Solidaria (http://www.supersolidaria.gov.co)
presenta cómo se desarrolla desde el gobierno colombiano la Ley
de Economía Solidaria (http://www.minjusticia.gov.co:9090/ows-do/43357/433571.htm)
aprobada en 1998, que da cobertura a miles de empresas de este
país latinoamericano.
También
la Fundación de Desarrollo Sostenido (http://www.fundeso.org)
promueve programas de desarrollo socioeconómico en países en vías
de desarrollo, con especial atención a América Latina. Las
empresas solidarias de Fundeso colaboran económicamente al
desarrollo de estos proyectos y a la difusión de la labor que
se lleva a cabo.
La
Fundación Futur (http://www.fundaciofutur.org) es una empresa
sin ánimo de lucro dedicada a crear empleo directo para
personas en situación de exclusión, formándolas para que
tengan acceso al mercado laboral.
La
participación desde China ponía en evidencia que el discurso
económico que impera desde las grandes empresas extranjeras es
ver a China como un gran mercado con 1.300.000.000 potenciales
consumidores. Desde ahí también se replanteaba una educación
de la inteligencia no sólo en su dimensión cognitiva, sino
también emocional afectiva y volitiva.
Desde
República Dominicana se comentaba la opinión expuesta en el
periódico "El Caribe", donde se plantea que los tres
pilares sobre los que se asienta nuestro sistema económico no
tienen respuesta para afrontar la dimensión global de los
problemas actuales. Por ello se propone un nuevo paradigma
construido sobre la sostenibilidad (que sustituya la idea de
crecimiento permanente), la solidaridad (como contrapartida a la
idea de bienestar, menos realista y global), la globalización
del conocimiento y la capacidad de investigación (para que la
investigación se dirija también a resolver los problemas no
rentables de los más desfavorecidos). Se propone, por tanto,
plantear un modelo que sea compatible con el medio ambiente
desde la solidaridad. También el boletín del Servicio de
Observación sobre Internet (SOI) se hizo eco de esta economía
solidaria en el artículo http://www.ua-ambit.org/soi/estaed139.htm.
Rescatar
la solidaridad en cuestión de inversión no es una mera cuestión
económica, implica también una inversión en investigación,
inteligencia, tiempo, energías, proyectos e iniciativas que
secunden la solidaridad, para hacer de esta pretendida
globalización algo más humano, más real y menos partidista y
sectorializado. Invertir en solidaridad debe ser algo atractivo
para el cliente, más cuando las empresas 'usan' la solidaridad
como forma de marketing para ampliar sus ventas. Por tanto,
globalmente podemos afirmar que la solidaridad tiene un valor
reconocido, ya sea usado como 'excusa' o desde parámetros éticos
preestablecidos.
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