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Por ello, muchas mujeres de las zonas rurales andinas han
emigrado a la ciudad de Piura, con la creencia de que mejorarán sus
condiciones de vida. Tras llegar a la ciudad, se encuentran con la
sorpresa de que ésta no se encuentra preparada para recibir la olas
de migración y entonces se ven obligadas a desempeñar trabajos del
sector informal o dedicarse a los trabajos domésticos. Algunas, las
más jóvenes, por lo general, se prostituyen o ingresan en redes de
tráfico ilegal de drogas, formando, así, un vasto sector de
mujeres que son explotadas por los narcotraficantes.
El
Perú está pasando por un momento histórico muy particular, en el
que se distinguen dos procesos simultáneos, pero incontrastables:
el primero es la profunda crisis económica y moral que viene
viviendo desde hace varias décadas y el segundo, la enorme
esperanza del pueblo, ante la asunción del nuevo régimen y, con
ello, la posibilidad de que cambien las condiciones económicas y se
retome la democracia.
En
el ámbito económico, las características más sobresalientes de
la crisis son la profunda recesión que vive el país y las
carencias que tiene que soportar la casi totalidad de la población
peruana. A ello se suma la falta de oportunidades de trabajo: más
del 60% de la población económicamente activa (PEA) se encuentra
desempleada o subempleada. Dentro de esta estadística, las mujeres
son las que tienen mayor índice de desocupación.
Por
su parte, la familia atraviesa por una etapa de descomposición
alarmante: padres, madres e hijos/hijas están completamente
desmotivados ante las dificultades para la subsistencia. Las mujeres
de las zonas rurales se ven obligadas a emigrar hacia las ciudades
en búsqueda de mejores condiciones de vida, pero, al no
encontrarlas, se ven obligadas –como mencionábamos
anteriormente– a realizar actividades informales, a desempeñarse
como trabajadoras domésticas, a prostituirse o a entrar en las
redes de tráfico ilícito de drogas.
El
proyecto tiene como meta a ayudar a 14 niñas y niños internos; a
50 niñas y niños que viven fuera del penal, pero cuyas madres están
internas; y a 66 madres internas y 17 empleados de la seguridad y de
la administración, que están encargados de resguardar la seguridad
en el penal.
El
proyecto está constituido por tres (3) módulos:
A)
Primer Módulo: dirigido es niños y niñas. Consiste en
acondicionar un espacio físico decoroso donde puedan vivir con sus
madres. También se prestará atención psicológica profesional y
formación técnico-pedagógica, afectiva, de autoestima, etc. Además,
se acondicionará un espacio de recreación para juegos, paseos,
etc.
B)
Segundo Módulo: se trata de asistencia jurídica, psicológica y
formativa a las madres internas; para ello se contará con
profesionales idóneos que garanticen asesoría legal, asistencia
psicológica y formación en Derechos Humanos, ciudadanía, género,
autoestima, etc. También se capacitará al personal del Instituto
Nacional Penitenciario (INPE) que se encarga de cuidar a las mujeres
internas.
C)
Tercer Módulo: consiste en brindarle asistencia técnica en
opciones laborales rentables como: mecánica menor (motos y
bicicletas), gasfitería, artesanía y reparación de sistemas de cómputo.
La formación en estas áreas puede permitir que estas mujeres se
reinserten en la sociedad cuando obtengan su libertad.
Consideramos
que la ejecución del Proyecto tendrá un impacto regional muy
importante por dos consideraciones centrales: la primera porque es
la primera oportunidad en la que se desarrollan este tipo de
proyectos, cuyas beneficiarias son mujeres olvidadas, y en el que se
busca sensibilizar a la población, intentando cambiar la actitud
tanto de las mujeres internas, como de las autoridades
penitenciarias. La segunda consideración radica en la sensibilización
de la población; la solidaridad colectiva, frente a los problemas;
la solidaridad de las internas, que puede iniciar un proceso para
modificar sus apreciaciones y comportamientos hacia ellas mismas y
hacia sus hijas e hijos. En todo caso, lo fundamental es el cambio
de actitud de las niñas y niños, a quienes se les percibirá como
entes «vivos», que tienen un alto grado de autoestima y que se
sienten queridos, a pesar de las circunstancias.
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