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Buena parte de estos rasgos específicos fueron la base sobre la
que Colombia pudo realizar algo singular en la región: encajar sin
graves problemas la crisis económica de los años ochenta. Así,
fue el único país de América Latina que registró un crecimiento
en términos reales durante todos los años del decenio, con una
tasa promedio del 3,5% anual. Ciertamente, se perdió aquel
crecimiento de las décadas anteriores, que se situaba por encima
del 5% promedio anual, pero Colombia no enfrentó años recesivos
como el resto de los países de la región.
Cuatro
factores se subrayan regularmente para explicar este fenómeno: 1)
el peso del sector externo en el sistema productivo colombiano era
menor que en otros países latinoamericanos, por lo que la crisis
exterior tuvo un impacto más débil; 2) una política económica
especialmente pragmática y gradualista, relativamente estable a
pesar de los cambios de gobierno; 3) un menor peso de las empresas
estatales, que significó menos drenaje sobre las arcas fiscales y
sobre la relación entre los sectores externo e interno; 4) el haber
evitado en los ochenta una apertura y un ajuste económicos en
profundidad y/o de forma brusca.
Algunas
cifras socioeconómicas en Colombia:
Tasa de desempleo: 17,5%; Población: 44.000.000; población en edad
de trabajar: 32.500.000; desempleados: 7.700.000; empleo informal:
49,5%; densidad de población: 38 hab./km2; población urbana: 74%;
fecundidad: 3,1 hijos por mujer; crecimiento demográfico: 1,6;
expectativa de vida en hombres: 67 años; en mujeres: 74 años;
mortalidad infantil: 27 por cada 100.000 nacimientos; analfabetismo:
8,8%; matriculación en primaria y secundaria: 71%; cubrimiento médico:
102 médicos por cada 100.000 habitantes; población con acceso a
agua potable: 85%; ingreso per cápita: 2.010 dólares.
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